Pedir presupuesto para una web suele parecer uno de los primeros pasos cuando una empresa decide poner su negocio en la red.
Pero hay un problema: si todavía no sabes qué web necesitas, comparar presupuestos sirve de bastante poco.
Dos proveedores pueden proponerte 2.000 € y 6.000 € y estar hablando de proyectos completamente diferentes. Uno puede haber entendido una web básica de presentación. El otro puede estar contemplando estrategia, arquitectura, diseño UX/UI, contenidos, SEO técnico, medición, integraciones y acompañamiento después del lanzamiento.
El precio, por sí solo, no te dice cuál de los dos presupuestos es mejor.
Antes necesitas definir algunas decisiones básicas sobre el proyecto.
No hace falta llegar a una agencia con todo resuelto. De hecho, parte del trabajo de un buen equipo web consiste en ayudarte a tomar esas decisiones. Pero sí conviene saber qué preguntas deben tener respuesta antes de aprobar un presupuesto.
Estas son las diez más importantes.
1. ¿Para qué necesitas realmente la web?
“Necesitamos una web nueva” no es un objetivo.
Tampoco lo es:
- modernizarla;
- hacerla más bonita;
- cambiar el diseño;
- que parezca más profesional.
Todo eso puede formar parte del proyecto, pero la pregunta importante es:
¿Qué debería conseguir el negocio gracias a la nueva web?
Por ejemplo:
- generar solicitudes de presupuesto;
- conseguir reuniones comerciales;
- vender directamente;
- explicar mejor una oferta compleja;
- transmitir un nivel de empresa que la web actual ya no representa;
- captar determinados perfiles de cliente;
- reducir consultas repetitivas;
- facilitar reservas o contratación;
- servir de soporte al equipo comercial.
Puede haber varios objetivos, pero debería existir uno prioritario.
Esto importa porque las decisiones cambian según el objetivo.
Una web cuyo principal trabajo es generar contactos necesita una arquitectura, unos argumentos y unas llamadas a la acción diferentes de una web cuyo objetivo es reforzar marca o vender directamente.
Antes de pedir presupuesto, intenta completar esta frase:
La nueva web tiene que ayudarnos principalmente a…
Si no puedes responderla todavía, esa debería ser una de las primeras conversaciones del proyecto.
2. ¿Qué resultado vas a medir?
Una vez definido el objetivo, hay que decidir cómo sabrás si la nueva web funciona mejor.
Si no lo haces, meses después del lanzamiento será fácil acabar evaluándola únicamente con opiniones:
“Nos gusta más.”
“Parece más moderna.”
“Ha quedado muy bien.”
Pero una web empresarial debería poder medirse.
La conversión principal podría ser:
- un formulario cualificado;
- una llamada;
- una reserva;
- una compra;
- una solicitud de propuesta;
- una reunión;
- una alta.
Y también puede haber acciones intermedias que indiquen intención:
- descargar una guía;
- consultar tarifas;
- ver un proyecto;
- visitar una página estratégica;
- iniciar un proceso;
- utilizar una calculadora;
- llegar a determinado punto del funnel.
Por eso, la analítica no debería añadirse al final del proyecto como quien instala un contador de visitas.
Conviene decidir antes qué eventos deben medirse y qué información necesitarás después para tomar decisiones.
3. ¿A quién tiene que convencer primero?
Tu web no necesita gustarle a todo el mundo.
Necesita convencer a las personas adecuadas.
Una empresa puede tener varios públicos, pero no todos pesan igual en la decisión de compra.
En un proyecto B2B, por ejemplo, pueden intervenir:
- el usuario del servicio;
- un responsable técnico;
- marketing;
- compras;
- dirección.
Y cada uno necesita argumentos distintos.
En otros negocios habrá un único decisor muy claro.
La pregunta útil no es simplemente “¿quién es nuestro público?”, sino:
¿A quién necesitamos convencer primero para que el proceso comercial avance?
Después intenta responder:
- ¿qué problema está intentando resolver?;
- ¿cómo lo explica con sus propias palabras?;
- ¿qué objeciones tiene?;
- ¿qué necesita entender antes de contactar?;
- ¿qué pruebas necesita para confiar?
Una web dirigida “a empresas de todo tipo” suele acabar utilizando mensajes tan generales que nadie siente que le estén hablando realmente.
4. ¿Qué debería entender alguien en los primeros 10 segundos?
Esta es una prueba sorprendentemente difícil.
Abre tu web actual y enséñasela durante unos segundos a alguien que no conozca bien tu empresa.
Después pregúntale:
- ¿qué hace esta empresa?;
- ¿para quién?;
- ¿qué parece que debería hacer ahora?;
- ¿qué la diferencia?
Si necesita varios minutos para entenderlo, tienes un problema de claridad.
El primer bloque de una página no tiene que explicarlo todo, pero sí debería permitir orientarse rápidamente.
Normalmente hay que resolver tres cosas:
qué haces + para quién + por qué debería interesarle.
Una frase creativa puede tener personalidad, pero si obliga al usuario a descifrar a qué se dedica la empresa, está trabajando en contra del proyecto.
En Relevandia, por ejemplo, al plantear un proyecto de diseño y desarrollo web empezamos por estrategia y arquitectura antes de entrar en decisiones puramente visuales.
Porque el diseño puede hacer que un mensaje sea más claro.
Pero no puede arreglar un mensaje que todavía no existe.
5. ¿Qué páginas necesita realmente la web?
Aquí aparece uno de los errores más habituales al pedir presupuestos.
Se compara:
“Una web de 5 páginas cuesta X.”
“Esta incluye 10 páginas.”
Pero el número de páginas no debería decidirse antes de entender para qué sirve cada una.
Una página debería existir porque cumple una función.
Por ejemplo:
- explicar un servicio;
- responder una intención de búsqueda;
- presentar la empresa;
- mostrar proyectos;
- resolver objeciones;
- captar contactos;
- explicar un proceso;
- atender un tipo de cliente diferente.
Una empresa con tres servicios muy distintos puede necesitar una página específica para cada uno.
Otra con una oferta muy sencilla puede funcionar perfectamente con una arquitectura mucho más compacta.
Y crear páginas porque sí tampoco ayuda.
Decenas de páginas casi idénticas pueden empeorar la experiencia, diluir la calidad del contenido e incluso generar solapamientos SEO.
Antes de diseñar, conviene disponer de un sitemap inicial que indique al menos:
- qué URLs existirán;
- qué función tiene cada una;
- cuál es su tema principal;
- qué debería hacer el usuario después.
Esto es especialmente importante si la web actual ya recibe tráfico orgánico. En un rediseño hay URLs, contenidos y señales SEO que quizá deban conservarse o redirigirse correctamente.
6. ¿Quién va a crear los contenidos?
Muchos proyectos web no se retrasan por el desarrollo.
Se retrasan esperando textos, fotografías, fichas, traducciones, casos o aprobaciones.
Por eso esta pregunta debería aparecer en el presupuesto:
¿Quién se responsabiliza del contenido?
Hay varios modelos posibles.
El cliente aporta los contenidos
Puede funcionar muy bien si dispone de tiempo y recursos, pero deberían existir fechas, formatos y responsables claros.
La agencia redacta
Entonces hacen falta entrevistas, briefing, conocimiento del negocio y rondas de aprobación.
Trabajo compartido
Es muy habitual: la empresa aporta conocimiento experto y la agencia convierte ese conocimiento en arquitectura y mensajes comprensibles.
Migración y mejora
Parte del contenido existente se aprovecha, pero se revisa antes de incorporarlo a la nueva web.
Lo importante es que no quede implícito.
Un diseño realizado con textos ficticios puede cambiar mucho cuando llega el contenido real.
Por eso, cuando compares presupuestos, comprueba también qué trabajo de contenidos incluye cada uno.
7. ¿Qué tiene que hacer el usuario después de cada página?
Una página web no debería terminar simplemente porque se ha acabado el texto.
Necesita un siguiente paso.
Pero eso tampoco significa colocar diez veces un botón de “Contacta ahora”.
Según el momento del usuario, el siguiente paso puede ser distinto:
- pedir presupuesto;
- reservar una reunión;
- ver proyectos;
- comparar servicios;
- descargar una guía;
- leer un caso;
- consultar precios;
- realizar una auditoría;
- profundizar en otro contenido.
En páginas de alta intención comercial puede tener sentido pedir contacto directamente.
En otras, el usuario todavía necesita ganar confianza.
Por eso una buena arquitectura web no es únicamente una lista de páginas.
Es también un conjunto de recorridos.
Por ejemplo:
Google → artículo → servicio → proyecto → contacto
o:
Home → servicio → proceso → FAQ → presupuesto
Cada página debería tener una función dentro de alguno de esos recorridos.
8. ¿Qué nivel de SEO debe incluir el proyecto?
“SEO incluido” puede significar cosas completamente distintas.
Puede significar únicamente instalar un plugin.
O puede significar haber trabajado antes del diseño:
- arquitectura;
- intención de búsqueda;
- sitemap;
- URLs;
- headings;
- titles y descriptions;
- enlazado interno;
- indexabilidad;
- canonical;
- redirects;
- datos estructurados;
- rendimiento;
- Search Console.
Si Google es un canal importante para el negocio, el SEO no debería empezar cuando la nueva web ya está terminada.
Algunas de sus decisiones condicionan directamente la arquitectura.
Por ejemplo, decidir si dos servicios necesitan una única página o dos URLs diferentes no es únicamente una decisión de diseño.
También puede ser una decisión SEO.
Lo mismo ocurre en una migración.
Cambiar URLs sin analizar qué posicionaba la web anterior puede provocar pérdidas de tráfico evitables.
Una buena base SEO técnica ayuda a que los buscadores puedan rastrear, interpretar e indexar correctamente la web, pero conviene tener clara otra cosa:
el SEO técnico por sí solo no garantiza posiciones ni sustituye una estrategia continuada de contenidos.
Cuando compares propuestas, pregunta exactamente qué significa “SEO incluido”.
9. ¿Qué tecnología necesitas y qué debe quedar bajo tu control?
La tecnología importa.
Pero normalmente importa menos el nombre de la tecnología que las condiciones que debe cumplir.
Antes de elegir plataforma habría que entender:
- qué necesita editar el equipo;
- qué integraciones existirán;
- cuánto debe evolucionar la web;
- quién se encargará técnicamente;
- qué dependencia del proveedor es aceptable;
- qué costes recurrentes habrá.
WordPress puede ser una excelente solución para muchos proyectos. En otros pueden encajar mejor plataformas gestionadas, soluciones específicas de ecommerce o desarrollos a medida.
La pregunta no debería ser:
“¿Qué tecnología está de moda?”
Sino:
“¿Qué tecnología encaja con este proyecto y con la forma en que tendremos que gestionarlo después?”
Y hay otra parte todavía más importante: la propiedad.
Antes de contratar deberías saber quién controla:
- el dominio;
- el hosting;
- las cuentas principales;
- los datos;
- las licencias;
- el código cuando corresponda;
- las herramientas de analítica;
- Search Console.
Tu empresa debería poder seguir operando aunque algún día cambie de proveedor.
La plataforma es una decisión técnica.
La propiedad y los accesos son una decisión empresarial.
10. ¿Quién se responsabiliza de la web después de publicarla?
Esta decisión suele llegar demasiado tarde.
Se lanza la web, termina el proyecto y entonces aparece la pregunta:
“¿Y ahora quién se ocupa?”
Una web empieza su vida útil cuando se publica.
A partir de ahí habrá:
- actualizaciones;
- copias de seguridad;
- incidencias;
- cambios;
- seguridad;
- hosting;
- nuevas necesidades;
- contenidos;
- posibles mejoras.
Puedes gestionarlo internamente.
Puedes contratar un proveedor de mantenimiento.
Puedes dividir responsabilidades.
O puedes trabajar con un equipo que continúe después del lanzamiento.
Lo importante es que exista una respuesta.
También conviene distinguir entre cosas diferentes.
El mantenimiento web es continuidad y supervisión.
Una incidencia concreta puede requerir una intervención de urgencias web.
Y la infraestructura puede gestionarse mediante un hosting web gestionado.
No hace falta contratarlo todo al mismo proveedor.
Pero sí conviene saber quién será responsable de cada cosa antes de que aparezca el primer problema.
Entonces, ¿qué debería llevar un buen presupuesto web?
Si has tomado —o al menos identificado— estas diez decisiones, comparar propuestas resulta mucho más útil.
Un presupuesto debería permitirte entender:
- qué problema se está resolviendo;
- cuál es el alcance;
- qué páginas o plantillas se desarrollarán;
- qué trabajo de estrategia incluye;
- quién prepara los contenidos;
- qué nivel de UX/UI contempla;
- qué trabajo SEO está incluido;
- qué analítica se configurará;
- qué tecnología se utilizará;
- qué queda expresamente fuera;
- cuántas rondas de revisión existen;
- qué plazo se estima;
- qué ocurrirá después del lanzamiento.
Solo entonces tiene sentido comparar precios.
Porque dos presupuestos son comparables únicamente cuando están presupuestando aproximadamente el mismo proyecto.
No necesitas tener todas las respuestas antes de hablar con una agencia
Hay un matiz importante.
Este artículo no pretende decir que tengas que llegar a una reunión con todo decidido.
No deberías necesitar conocimientos de UX, SEO, arquitectura o desarrollo para contratar una web.
Lo que sí necesitas es distinguir entre:
decisiones de negocio que solo tú puedes aportar
y
decisiones profesionales en las que el proveedor debería ayudarte.
Por ejemplo, tú puedes explicar qué tiene que conseguir el negocio.
Un equipo web debería ayudarte a convertir ese objetivo en arquitectura, experiencia, tecnología y medición.
Una buena primera reunión no es aquella en la que el cliente ya conoce todas las respuestas.
Es aquella en la que aparecen las preguntas correctas y queda claro quién debe resolver cada una. Esa es también la filosofía de la guía de Relevandia.
Si estás preparando una nueva web, empieza por el briefing, no por el precio
Estas diez decisiones son una versión condensada.
En nuestra guía “Tu próxima web empieza antes del diseño” hemos convertido el proceso en 21 decisiones concretas, organizadas desde el objetivo del negocio hasta lo que ocurrirá después del lanzamiento.
Cada una incluye:
- qué tienes que decidir;
- opciones habituales;
- qué debes tener en cuenta;
- cómo comprobar que está bien resuelto.
Además, termina con una checklist y un mini brief de seis preguntas para poder empezar una conversación con cualquier proveedor con mucho más criterio.
Descargar gratis la guía: 21 decisiones antes de crear o renovar tu web
Y si ya tienes claro que necesitas dar el siguiente paso, puedes ver cómo planteamos en Relevandia los proyectos de diseño y desarrollo web a medida para empresas.
Creamos tu web. Y seguimos ahí cuando la necesitas.
